miércoles, 26 de septiembre de 2007

a Belén



No nos perderemos en la tristeza
cuando el mar y los naranjos se desnuden
con desesperada y torpe lentitud
en uno de sus extranjeros besos.
No nos olvidemos del silencio,
pues no hay sombras
ni exilios
ni paraísos
ni espejos jugando con el futuro
cuando siento tu piel y tus suspiros
resucitar en mis sueños.
No quiero hablar nunca más el lenguaje de los ríos,
no.
No quiero ser fuego derrotado,
ni deseado sabor
para no manchar los caminos
incendiados
por nuestros cuerpos,
ni quiero romper nuestros abrazos
con la sangre sonriente de los ángeles,
en el otoño